
Nunca pensé que existiera aquel hombre que amara hasta el fin del mundo a alguien como yo. El amor, para la mayoría de personas que han pisado la tierra, es algo que se ha dejado de construir y que ahora pretendemos rehacer con manos llenas de arena y agua, tan disolubles como nuestra mente y emociones pasajeras que pretendemos llamar eternas.
Asomé parte de mi cara hacia el jardín, ese hombre seguía allí desde hace días, salí y averigüé que quería, su sonrisa matutina heló mis ganas de cuestionarlo y entré, había vivido sola todo este tiempo, tener compañía en el jardín no me vendría nada mal… El se quedó ahí sentado, observando que hacia yo para malgastar la monotonía de mi vida, hasta que un día una tormenta amenazó con tumbar parte del techo…
Llueve todos los días, jamás una tormenta me había sacado de la cama, al contrario, son como instrumentos musicales que me arrullan y la melodía de esa sinfónica hace que tenga dulces sueños... a veces… pero esa noche salté de mi cama, la lluvia aun arrullaba mis sueños, pero aquel hombre que vivía en el jardín tal vez estaría mojándose y agarrando un resfriado, de esos que te dan cuando te invitan preciso a una conferencia esperada por años con aire acondicionado. Efectivamente alguien tocaba con insistencia, “pobre, aparte de ignorarlo, hago que se moje” pensé mientras bajaba por las escaleras, abrí la puerta y lo vi empapado, mirándome sin su sonrisa matutina, preocupado mirando mi cara seca ignorando la suya bañada en lluvia y pedacitos de hojas.
“Tu techo se va a caer” dijo con ternura, “es peligroso, vives sola, déjame repararlo”, como iba a negarle eso, después de todo ni una limonada le había dado, el subió y yo me quede cruzando los dedos, el techo es mas resbaladizo que un piso con jabón en medio de gente patinando en medias, escuché ruidos incesantes sin embargo bajó con vida, aun mojado y adornando su cara y cabellos con hojitas de otoño, “Una vez reparé este techo, a tu abuela si le daban miedo las tormentas”, extraño mi abuela había muerto a los 90 años hace 10 años, aquel hombre era joven, hermoso y con mas vitalidad que una cascada que nunca terminaba, me miró con amor, como si estuviera dispuesto a arreglar el techo siempre, o tomarse una limonada si lo invitaba, algo me dijo al cerrar la puerta que siempre estaría en le jardín, hasta que lo invitara a seguir, algo me decía que amaba, que siempre me amó, antes de nacer, cuando lo hice y hasta mi abuela lo conocía. “Una vez morí arreglando un techo completo” dijo antes de cerrar la puerta, ahora solo lo reparo un poco…
Subí a ver los antiguos álbumes familiares y efectivamente, ese hombre estaba allí, siempre joven, siempre dispuesto a vivir en le jardín, rodeado de sus instrumentos de reparación, nadie lo había invitado… decidí hacerlo…
"Y dijo Josué a todo el pueblo [de Israel]. . . escogeos a quién sirváis. . . pero yo y mi casa serviremos a Jehová" (Josué 24:2, 15).
Apocalipsis 3, 20 He aquí, yo estoy á la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré á él, y cenaré con él, y él conmigo.”
jueves, 11 de marzo de 2010
Publicado por Margarita en 4:52
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario